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ARTÍCULOS DEL CENTRO DE REIKI
| 10/01/2007 - LA MONTAÑA COMO SIMBOLO |
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La Montaña como símbolo tiene distintas implicancias, sumamente interesantes. Quisiera discernir entre un simbolismo extrapsíquico o externo y otro que hace a la vida interna del ser humano (aunque es claro que ambos niveles de interpretación se hallan íntimamente entrelazados). Si me acompañan, entonces, allí vamos...
Como símbolo extrapsíquico, la Montaña representa la manifestación de lo Sagrado: la unión del Cielo con la Tierra, materializándose cada vez más hacia su base. Es la inmutabilidad de lo no perecedero. Ha sido por ello considerada en distintas culturas la morada de los Dioses, o el lugar en el cual el hombre puede conectarse con la Divinidad. Por ello en diversas corrientes religiosas la Montaña ocupa un lugar primordial: Moisés recibe las tablas de la Ley en el monte Sinaí, Jesús da el sermón de la Montaña, así como su ascensión se produce en el Monte de los Olivos; el mismo significado tiene el Monte Fuji-Yama, cuya ascensión ritual requiere de una ceremonia de purificación previa; el Olimpo Griego, el Potala tibetano... Dante sitúa el paraíso terrenal en la cima de la Montaña del Purgatorio. En la leyenda del Santo Grial la Montaña alude a la salvación espiritual (inclusive se llama Montsalvat = Monte de la Salvación.), refiriéndose, obviamente, no a la ascensión literal como podría hacerla un alpinista, sino a la ascensión simbólica, como un progreso intencional hacia una progresiva auto-revelación.
En esta misma línea, la Montaña sería el camino de ascenso que el ser humano está llamado a emprender para su evolución interna. Por ende, es prácticamente inaccesible, salvo que se lo emprenda con mucho empeño e inteligencia. Los taoístas señalan los peligros de una ascensión que no esté preparada por adecuados métodos espirituales: tal como en el Camino interno, se corre el riesgo de desbarrancarse (a través de prácticas para las cuales no se está preparado, o por confundir los productos de la propia imaginación con experiencias verdaderamente sutiles). Por ello es muy importante ascenderla en equipo, con otros, y estudiar el terreno concienzudamente, palmo a palmo.
La Montaña es símbolo de Eje, de Centro del Universo. Mircea Eliade nos dice: “La cima de la montaña cósmica no es sólo el punto más alto de la tierra: es el ombligo de la tierra, el punto donde dio comienzo la Creación”. (Valga recordar, dicho sea de paso, que “Cuzco” quiere decir “ombligo”...).
Tan importante es esta simbología que diversos pueblos construyeron, desde la visión mística, “montañas artificiales”, por así decirlo: las pirámides egipcias, los zigurats mesopotámicos, los teocallis precolombinos, y aún las catedrales se inspiran en el mismo concepto: de lo denso a lo sutil (de abajo hacia arriba). Pero cuando esa montaña se construye desde la soberbia egoica con pretensiones de espiritualidad, la resultante es la Torre de Babel, llamada a derrumbarse en medio de la más absoluta confusión.
Respecto de lo intrapsíquico, lo que hace a la interioridad humana, el escalar la montaña representaría el ascender desde los aspectos más groseros de sí mismo hacia zonas más diáfanos. Sin embargo, tal como la Montaña necesita de su base para elevarse, así el ser humano requiere de sus rasgos más toscos y materiales para poder erigir sobre ellos su estatura transpersonal.
Los estados visionarios, o estados de Gracia, -aquellos en los que por momentos adquirimos una claridad meridiana, muy por encima de nuestro nivel de conciencia habitual-, equivaldrían a lo que le sucedería a alguien que, viviendo por años en el valle, un día iniciara el ascenso y, desde lo alto, observara hábitat cotidiano: lo vería desde otra perspectiva, comprendiendo las proporciones del lugar, la relación entre un terreno y otro, la conexión que existe entre lo que desde el llano parece inconexo... Uno luego bajará al valle (el nivel de conciencia ordinario). Pero quien tuvo la visión de ese mismo valle desde la cumbre, posiblemente nunca más vea al valle con el criterio que tenía antes de ascender. De allí la importancia regeneradora y terapéutica de lo que se conoce como Estados Ampliados de Conciencia (que pueden darse en forma espontánea o como fruto de una práctica consciente sostenida). Tan es así que a esos estados el psicólogo norteamericano Abraham Maslow les llamó a estos estados Experiencias-Cumbre: una sensación de integración, de unidad con el Todo, de comprensión no-intelectual, de estar en el propio eje... Al decir de Roger Godel: “Para el Sabio, esta claridad de las cumbres traspasa, tanto abajo cuanto en lo alto, la densidad de las apriencias. Ilumina con igual intensidad las ocupaciones de todos los días. Bañándose en lo Sagrado, las tierras bajas son lugares altos.”
El camino de Ascenso que vamos haciendo a lo largo de la vida no es fácil: requiere de un propósito coherente, de aceptar el desbarrancamiento, la caída y el volver a empezar, el sentirse subiendo solo aunque se esté con otros (pues cada uno es responsable de sus propios pasos). No ha de ser casual que en la simbología de la verdadera Alquimia la montaña se represente como un inmenso horno hueco: ascender por ella es cocer lo crudo que hay en sí mismo, para transmutarlo en algo mejor.
Dice Jean Chevallier: “Una cumbre que se eleva hacia el cielo (véanse ciertas pinturas chinas o las de Leonardo Da Vinci) no es solamente un hermoso motivo pictórico; simboliza la residencia de las divinidades solares, las cualidades superiores del alma, la función supraconsciente de las fuerzas vitales, [...] así como el destino del hombre (ir de abajo hacia arriba). La cima de una montaña simboliza el término de la evolución humana y la función psíquica de lo supraconsciente, que consiste precisamente en conducir al hombre a la cima de su desarrollo.”
Les deseo y me deseo un buen ascenso. Aunque cada tanto nos perdamos como en un laberinto. Aunque nos dé miedo lo que no conocemos del solitario terreno empinado. Aunque nos parezca a veces que nos quedamos sin fuerzas: beber de las nieves eternas, cada tanto, nos hará recuperarlas (entibiándola con el calor más íntimo de nuestro corazón). Hasta la próxima!
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