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ARTÍCULOS DEL CENTRO DE REIKI
| 19/02/2009 - "CHAMANISMO: VESTIGIOS DEL HOMBRE MÁGICO |
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La antropología moderna define a los chamanes como curanderos o hechiceros que se hallan presentes en todas las civilizaciones primitivas y que han permanecido vigentes en numerosas culturas a lo largo de la historia de la humanidad. Sin embargo, esta definición es incompleta y se corresponde poco en la realidad.
El término chamán proviene de los tungos y de ahí se extendió hacia otras tribus y grupos étnicos de Asia, América del Norte, América Latina y Oceanía. Existen desde la noche de los tiempos, desde que el hombre buscó dioses para explicar su vulnerable existencia en este planeta y un más allá en donde residir después de la muerte; como si, instintivamente, intuyese su propia dimensión y la existencia de otras realidades. El chamán surge como el vínculo que une a la tribu con las realidades no visibles y representa por excelencia al hombre mágico, aquél Ccapaz de entrar en contacto con el “más allá” y transgredir las leyes de la materia y del espacio-tiempo, ya sea mediante prodigiosas curaciones, actos de magia o de adivinación. De esta forma, el chamán, se convierte en el albacea no sólo de las leyes de la naturaleza, sino también de las divinas, siendo capaz de provocar tanto la salud como la muerte.
Sin embargo, el chamán no puede ser confundido con un curandero o un brujo. El chamán es un rango específico dentro del curanderismo y del mundo de la brujería: es mago porque puede ejercer la magia y taumaturgo porque puede curar.
Efectivamente - además del uso de la magia - en el chamán conviven los aspectos del curandero y de sanador en armónica simbiosis. Los curanderos emplean recursos que toman del medio, ya sean éstos vegetales, animales o minerales y sus conocimientos y prácticas se basan en la tradición legada y refrenada empíricamente por su comunidad. Los sanadores, sin embargo, utilizan exclusivamente el conocimiento intuitivo y emplean como medios terapéuticos sus propias capacidades psíquicas y energéticas. El chamán, en la mayoría de las culturas, recurre simultáneamente a ambos procedimientos: curanderismo y sanación psíquica o energética. Luego, el chamán se diferencia de cualquier “brujo-curandero” en que también puede realizar sanación psíquica. La herramienta que le permite acceder a su poder psíquico es su propia mente, a través de la modificación de su estado de conciencia.
Así pues, no todos los magos y curanderos son chamanes. Según los antropólogos J. Halifax y P. Harner, tal denominación puede atribuírsele a aquellos “curanderos-brujos” capaces de alterar su estado de conciencia para percibir otras realidades, de penetrar en ellas y extraer la información necesaria para actuar “mágicamente”. Desde esta perspectiva. Chamanes son aquellos “curanderos” que pueden sobrepasar su condición humana modificando su estado de conciencia y acceder a diferentes planos existenciales, en los cuales encuentran su poder para curar psíquicamente, ejercer la magia o predecir el futuro, violando las leyes físicas de los planos reales.
En esta descripción hay como vemos un elemento fundamental que diferencia al chamán de los sacerdotes, brujos y curanderos: la capacidad para experimentar el éxtasis como vehículo que le permite “viajar” a otros universos mágicos. Por esta razón, durante toda su vida el chamán practicará un severo entrenamiento con objeto de adquirir cada vez más maestría de alterar su propia conciencia, hasta llegar a convertirse en un especialista del éxtasis. A través de él obtendrá las imágenes que después interpretará en relación con las categorías y símbolos culturales propios de su colectividad. Por ello la interpretación de las visiones chamánicas han de ser siempre traducidas y comprendidas desde su contexto y creencias.
El chamanismo es un manifiesto cultural del potencial psíquico humano y del aspecto mágico del cual éste está revestido, es la estela que nos proyecta a una intuida trascendencia del ser humano, presente ya en el hombre desde sus orígenes en este planeta. Ahora bien, el chamanismo ha cumplido su función durante una etapa de la historia de la humanidad en la que no existía ni medios ni conocimientos para traducir la experiencia psíquica del hombre. Hoy, las nuevas concepciones del universo, del ser humano y de sus potencialidades psíquicas, se muestran como puertas abiertas conducentes hacia un mundo nuevo, donde la energía y sus leyes cobran relevancia y comienzan a ser comprendidas; un mundo donde el hombre no está ya al arbitrio de dioses y espíritus, ni necesitado de un intermediario entre ellos. El cada vez más amplio conocimiento científico de las capacidades del ser humano, unido a las aportaciones de la física cuántica, han hecho surgir un nuevo paradigma, una revolución conceptual del hombre, de la naturaleza y del Universo. El ser humano ha pasado a ser observado desde otro ángulo, como depositario de un latente poder: el poder creador. De este modo, el hombre está a un paso de ser su propio chamán, su propio sanador, e único interlocutor válido entre él y Dios. Conocer los mundos ocultos del chamán y sus sutiles poderes sanadores es, de alguna forma, volver la vista hacia nuestras raíces mágicas, hacer arqueología y antropología del espíritu humano, donde los chamanes como precursores han depositado sus huellas imperecederas.
Extraído del libro: “Sanadores, Mensajeros de la conciencia” de Luisa Alba González.
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